lunes, 21 de enero de 2013

¿Qué leen los que recomiendan libros para niños? Sobre la responsabilidad del mediador

Terminó el año 2012 y, de forma inevitable, aparecieron unas cuantas listas con los "mejores" libros para niños del año. Nada nuevo, por otro lado, si no fuera porque durante el año no se ha hablado tanto de libros para niños justamente en estos sitios donde se proponen listas. Una muy popular vino de un blog de El País, lista que no apareció en la edición impresa ni mucho menos en el suplemento de libros que publica este periódico y que se ha caracterizado por ignorar sistemáticamente la amplia producción de libros para niños del año. Lo que me interesa reflexionar, mirando atentamente estas listas que se elaboran a veces con excesiva rapidez, es lo que han leído quienes recomiendan los libros. Sobre el oficio del mediador o, más bien, sobre su responsabilidad.
Il. de Edward Coley Burne-Jones
Para la lista publicada en ese blog se solicitó ayuda a treinta "especialistas" (incluían a la Red Internacional de Cuentacuentos -sic-), a los que se les pidió su lista respectiva para consensuar un total común. Nada que objetar a este procedimiento. La lista puede verse aquí. Es muy difícil discutir los criterios de una lista y, salvo dos o tres de los especialistas que me consta leen muchos libros, ¿en qué lecturas se basan los otros para hacer una lista? ¿En los libros que han comprado? ¿Los que han recibido de alguna editorial? (se observa, por cierto, que las grandes editoriales con su potente sistema de promoción están muy presentes). ¿O han procurado leer de verdad mucho y variado?

Hace años en las redacciones de las revistas se recibía casi todo y, si algo no llegaba, se pedía para reseñar. Ahora, con la profusión de blogs, la desaparición de revistas (Educación y Biblioteca), el adelgazamiento de otras (CLIJ) y la intermitente ausencia de reseñas en prensa general ¿qué hacen los editores? Me temo que ni siquiera mandan la información de lo que se publica a los cuatrocientos blogs por miedo a que cada uno pida un ejemplar. A pesar de tantos blogs y de tanta información en la red, estamos en tiempos de grandes dificultades para saber las novedades de nuestro campo. Después de años dedicándome a hablar y compartir libros tengo que confesar que apenas una o dos editoriales me mandan regularmente sus boletines de novedades. Y, francamente, casi ninguna página web de las editoriales infantiles ofrecen la posibilidad de suscribirse a las actualizaciones. Me parece que los editores confían demasiado en sus distribuidores y están ignorando al gran grupo de mediadores e intermediarios que difunden, compran, leen, discuten y recomiendan los libros.


Para volver a la pregunta planteada al principio:¿qué leen los que recomiendan libros para niños? ¿Son conscientes de la importancia de sus recomendaciones? A través de sus listados vemos su criterio personal, pero también su exigencia o no para ir más allá de sus propios gustos. Por citar otras listas de "los mejores", aquí y aquí se pueden ver las de Luis Daniel González en bienvenidosalafiesta.com ; aquí la lista elaborada por Libroyliteratura.es; y aquí la generosa selección de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez titulada Lo + 2012. Excepto esta última selección, básicamente, los mediadores solo leen literatura: nada de poesía, teatro, nada de libro informativo, ni una sola biografía, nada de ebooks. Me sorprende que un encantador y divertidisimo libro como La vocecita no se haya alzado como favorito, con lo difícil que es encontrar humor de calidad para los niños. Claro que, como aparece "eso de la caca" y no suele gustar a los mediadores, aunque el tema sea filosofía pura, pues nada...
Pero también me llena de sorpresa (y cierta tristeza) que un hermoso e impactante libro como Migrar, merecedor del Premio New Horizons en Bolonia, que conecta la tradición histórica mexicana con la modernidad y que habla de una realidad impresionante con un discurso sencillo, haya pasado desapercibido, o no se ajuste a la sensibilidad de los que recomiendan.
En mis tiempos, tanto yo como otros colegas tratábamos de favorecer, sí, de favorecer, determinadas editoriales independientes y libros "raros", sabiendo que las grandes editoriales encontraban su camino hacia el lector mucho más fácilmente. Nos esforzábamos en tratar de entender libros complejos pensando que un autor lo había creado, que un editor había apostado por él y que algunos lectores iban a encontrar un placer inesperado en su lectura. Recuerdo todavía las largas y apasionantes discusiones que un libro como Blanco y Negro de David Macaulay suscitaban en nuestros grupos de trabajo: todos luchábamos por entender su sentido y por admirar una obra maestra que, a primera vista, nadie entendía pero que estaba llena de inteligencia y creatividad.
Ahora que va todo más rápido, parece que lo que no se entiende a la primera, pasa rápido al olvido. Así, un clásico delicioso como Nublado con probabilidades de albóndigas apenas tiene un par de reseñas en blogs modestos pero, como se ve aquí, llenos de sensibilidad. O el extravagante Frankenstein se lleva el pastel, que no se sabe muy bien de qué va o, quien sabe si, simplemente, no ha llegado a la puerta de los que recomiendan libros.

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