Mapa de la edición independiente para niños (III): Uruguay

Seguimos con nuestro mapa de editoriales independientes que publican libros para niños. Este mapa, por fortuna, va creciendo en cantidad y calidad y se enriquece ahora con una buena cantidad de editores arriesgados y vocacionales. Para la producción de Uruguay le hemos pedido al colega Germán Machado, del blog Garabatos y Ringorrangos que nos cuente algo de su país. Y no sólo nos ha dado una detallada crónica de la producción sino también de cuestiones como distribución y dificultades propias de estas pequeñas empresas. ¡Muchas gracias, Germán!


EDITORIALES INDEPENDIENTES DE LIJ EN URUGUAY: 
UNA PANORÁMICA
por Germán Machado

El mercado editorial uruguayo es pequeño. Hay que ver que la población de Uruguay apenas supera los 3 millones de habitantes. Así y todo, considerando la reciente aparición de nuevas editoriales especializadas en LIJ, y la continuidad de colecciones de LIJ en el catálogo de editoriales con más de 20 años en nuestro medio, hemos de reconocer que la edición y publicación de títulos de literatura infantil y juvenil también es rentable en Uruguay, por lo menos para las editoriales que lo siguen haciendo.

LA RENOVACIÓN DE LA EDICIÓN DE LIJ EN EL SIGLO XXI

La década del 90 fue de renovación para el espacio editorial de LIJ en Uruguay. Y cuando escribo “renovación” es porque en la actualidad no quedaría más que una de las editoriales que con anterioridad a esa fecha publicaban literatura para niños y jóvenes: me refiero a Ediciones de la Banda Oriental. Las demás editoriales desaparecieron o dejaron de publicar títulos para niños.

Librerías editoriales, como Mosca o Barreiro, que publicaban LIJ, dejaron de hacerlo. Una editorial como TAE (Tupac Amaru Ediciones) también desapareció, y eso que había dado a conocer en los 90 al gran personaje de una generación: el “SapoRuperto”, de Roy Berocay, éxito indiscutible de la LIJ Uruguaya desde entonces. La editorial ARCA dejó de publicar LIJ (o, como mucho, hizo alguna reedición, en los 90, del clásico de Paco Espínola, “Saltoncito”, el sapo que desde 1930 venía siendo leído generación tras generación). AMAUTA desapareció, habiendo sido, pese a su conservadurismo, la editorial que publicaría el primer libro de Malí Guzmán o la primera novela de misterio urbano (“Misterio en el museo”, de Mónica Dendi). La editorial BICHO FEO también desapareció, pese a que entre los 90 y principios de este siglo publicó títulos de muy cuidada factura literaria.

Permanecieron, sí, las publicaciones de autor y las publicaciones amparadas por asociaciones de ateneos (como es el caso del sello editorial de AULI, Asociación Uruguaya de Literatura Infantil, dirigida por Sylvia Puentes de Oyenard), pero con una escasa presencia en el mercado del libro, y con una casi nula influencia literaria. La incipiente renovación de la LIJ y la desaparición en los hechos de las editoriales independientes dejaron el terreno del mercado editorial despejado para la irrupción en los años 90 de las dos editoriales transnacionales más potentes, que acapararon autores y publicaciones de títulos: Alfaguara-Santillana y Sudamericana-RHM. Si bien en una primera instancia estas editoriales acapararon el mercado, es muy cierto que también ayudaron a demostrar que la literatura infantil y juvenil podía ser un buen negocio, incluso en Uruguay, en ese pequeño mercado, y a condición de que se encarara la labor editorial con algo de rigor y profesionalidad: cosa que algunos editores independientes supieron ver en el correr de los siguientes años.
Hagamos un repaso caso por caso de las editoriales que surgieron a finales del siglo pasado e inicios de este, y luego, una vez hecho el recorrido, tratemos de hacer una síntesis de la situación actual del mundo editorial de la LIJ Uruguaya.

EBO: EDICIONES DE LA BANDA ORIENTAL
EBO surge en la década de los 60 como fruto de un movimiento cultural independiente y contrahegemónico. Así y todo, su labor en el campo de la LIJ fue un tanto conservador, algo que cambiaría en los últimos años. EBO publicó las obras de Morosoli para niños, muy especialmente “Perico”, y también el “Buscabichos”, de Da Rosa.
Durante décadas, esos dos fueron, prácticamente, los únicos títulos infantiles de su catálogo. La publicación de pocos títulos, la dependencia de la escuela (primaria y secundaria) respecto de las obras a publicar, una muy baja apuesta al diseño editorial fueron la línea de una editorial que logró buenas ventas y una distribución propia (básicamente a través de Club de Lectores y Librerías). Quizás el mayor mérito de esta editorial haya sido la publicación de la obra inicial de Elena Pesce, que entró en su catálogo por medio de un concurso, allá por los años 70, y que se presentó como un aire de renovación importante en las letras infantiles de Uruguay. Esta autora, de nuevo en esta editorial, volvió a marcar tendencia, en el año 2000, con su libro de poesía “Instantáneas con voces y risas”, publicada en la colección “Gurises de Banda Oriental”, donde ya habían publicado autores como Helguera, Berocay, Ignacio Martínez: una colección, hay que decirlo, sin casi ningún cuidado de diseño o de ilustraciones, más preocupada por el abaratamiento de los libros que por su calidad, aunque con obras transgresoras, como “La princesa Besasapos”, de Fernando González.
Así y todo, en 2011 EBO lanza la colección de libros ilustrados “A volar”, dirigida por Malí Guzmán. Con esa iniciativa, la editorial se posiciona con fuerza en el mundo de la LIJ Uruguaya. Con 5 títulos en 2011, 5 títulos en 2013 y otros tantos en el corriente año consolida una apuesta por la literatura infantil y una iniciativa empresarial exitosa.
Su sistema de ventas y distribución con la Revista La Mochila le permitió tirajes importantes (unos 2000 ejemplares por título, algo inaudito allí donde otras editoriales bajaban los tirajes de 1000 a 750 o a 500 ejemplares). Con libros de gran formato, clasificables algunos como libros-álbum y otros como cuentos ilustrados, con presencia de un importante trabajo de ilustradores en la definición de los títulos, la colección fue una de las movidas más notorias dentro del mercado editorial independiente de la LIJ Uruguaya del último período. Además, recientemente, también organizó un concurso de narrativa, con lo cual tentó la perspectiva de retomar la edición de novelas infantiles y juveniles.
Se le podrá criticar, aún, a la editorial, la falta de un claro diseño de arte en los libros que publica y cierta desidia en lo que respecta a la valoración del trato con los autores (esto, con algunas excepciones circunstanciales, es común entre casi todas las editoriales independientes, que por momentos parecieran moverse con la idea de que al publicar un libro le están haciéndole un favor a los autores, lo que no es el caso, o al menos no lo es siempre).

EDICIONES TRILCE y LA “MONTAÑA ERRANTE” DE EDITORIAL FIN DE SIGLO
A finales de la década de los 90 y a inicios de este siglo, mientras EBO apenas dedicaba esfuerzos a la edición de LIJ en su colección “Gurises”, dos editoriales independientes incursionaron en el mundo de la LIJ y dieron espacio en sus catálogos a colecciones de literatura para niños y jóvenes: se trata de Trilce, con una colección consolidada de entre 30 y 40 títulos de Literatura Infantil y Juvenil  y Editorial Fin de Siglo, con su colección “Montaña errante”.
Estas dos editoriales apostaron fundamentalmente a la publicación de novelas, si bien han arriesgado en la publicación de algunos títulos de cuentos ilustrados a todo color. Trilce lo hizo nada menos que con los libros de Susana Olando, que luego se pasaría a Alfaguara con una colección exclusiva para su obra, mientras que Fin de Siglo lo intentó muy recientemente, al parecer sin mayores éxitos.
Los catálogos de estas dos editoriales son dispares en calidades literarias. Trilce ha tenido entre sus autores a varios Premios Nacionales de Literatura y supo disputarle varios autores a las editoriales transnacionales (el caso de Magdalena Helguera, o la ya mencionada Susana Olaondo, o Sebastián Santana entre los ilustradores).
Fin de Siglo, por su parte, ha tenido una plantilla de autores más estables (y un solo ilustrador para toda la colección, Óscar Scotellaro), entre los cuales hubo varios escritores con un éxito de difusión, y ventas muy atendibles (como es el caso de Gabriela Armand Ugón, Ignacio Martínez o Lía Schenck).

En todo caso, ninguna de las dos editoriales ha tenido un plantel especializado en Literatura Infantil y Juvenil, siendo las colecciones una extensión del trabajo editorial que realizan, fundamentalmente orientado al ensayo, académico o periodístico. 
Estas dos editoriales, junto con EBO, se han visto beneficiadas recientemente por algunas compras institucionales, las cuales, de todas maneras, no son significativas si comparamos con la realidad de Argentina, Brasil o México. Los tirajes de las novelas oscilan entre 500 y 750 ejemplares, llegando a 1000 con algunos autores, y logrando segundas o terceras tiradas en los casos en los que han mediado compras institucionales. Hay que tener en cuenta que un bestseller en Uruguay es un libro que supera los 10000 ejemplares, y que en la LIJ no ha habido muchos en la historia reciente del mercado editorial del país.

LAS NUEVAS: MÁS PIMIENTA!, TOPITO EDICIONES Y CRIATURA EDITORA
En 2010-2011, tras obtener un fondo concursable del Centro Cultural de España, inicia su andadura la editorial Más pimienta! Aparece como algo del todo novedoso en el medio editorial uruguayo de LIJ, con cuatro títulos, en formato de álbum, ilustraciones a color, diseño de arte y un gran cuidado puesto en la edición.
 La colección “Desolvidados” recuperó la poesía de tres autores uruguayos de inicios de siglo XX (Humberto Megget, Pedro Piccatto y Alfredo Mario Ferreiro, que no eran escritores de LIJ) y la publicó en formato álbum (un poema por libro), dejando a los ilustradores libres de hacer un trabajo para el cual difícilmente hubieran encontrado espacio en el medio editorial uruguayo.
La calidad del carácter innovador de esos cuatro libros no se repitió, tal vez porque el equipo editorial de ese proyecto no se mantuvo operando en pleno. Así y todo, la editorial logró mantenerse en el medio y publicó 8 títulos más con posterioridad a esos 4 iniciales. Entre esos nuevos títulos aparecieron textos muy buenos, como fue el caso de “Terremoto”, de Natacha Ortega (con ilustraciones de Valentina Echeverría), y trabajos de ilustración igualmente buenos. La apuesta siempre fue al libro álbum y a la fuerte presencia del trabajo autoral de los ilustradores, sin descuidar la selección y el cuidado editorial de los textos. Por lo demás, la editorial realiza un muy buen trabajo de promoción de los libros, con fuerte presencia en espacios feriales y educativos, así como en las redes sociales, si bien no tiene distribución en todo el circuito de librerías. 

Topito Ediciones también surge a partir de la obtención de fondos concursables, en su caso, fondos estatales. Irrumpe en 2012 con la publicación de dos títulos, “Clementina y Godofredo”, relato en verso, de un escritor destacado en el mundo de la narrativa joven y de la poesía de Uruguay, Horacio Cavallo, quien se lanza a la publicación de libros para niños (ya tenía una novela editada en Trilce). El libro estuvo ilustrado por Daniela Beracochea. El otro título fue “Las aventuras de Jirafa y Perrito”, de Manuel Soriano (texto) y Patricia Segovia (ilustración), quienes están, a su vez, al frente del nuevo proyecto editorial. Un año después, la editorial repite el plan de apostar a los fondos concursables y logra publicar dos títulos más, a los que luego se suman otros 2 títulos. Fondos estatales, cuentos y poemas ilustrados, formatos estándar, una apuesta comercial por el lado de la temática del fútbol, libros de bajo coste: ese es plan de supervivencia de esta nueva editorial, que aún no ha desarrollado un trabajo de difusión a la altura de las exigencias de los nuevos tiempos (a manera de ejemplo: no tiene página web).

Una realidad distinta es la de CriaturaEditora, que nace a finales de 2011 como empresa y proyecto cultural derivado de la librería La Lupa Libros. Si bien no presenta en su catálogo una colección infantil, varios de los títulos publicados por este sello están claramente dirigidos a ese público.
Ha publicado novelas (4 títulos), jugándosela con una nueva edición de “Anina”, de Sergio López Suárez, cuentos largos ilustrados (2), entre los cuales se destacó “Un globo de Cantoya”, de Laura Santullo, con ilustraciones de Alfredo Soderguit, cuentos cortos ilustrados (2), álbumes y libros de canciones ilustradas (4 títulos). Un cuidado editorial muy logrado, una línea de diseño editorial clara, una política de mercado que apuesta a cruzar el Río de la Plata y vender en Argentina, y una línea de difusión muy adaptada a la realidad de las nuevas tecnologías de comunicación han sido la clave del éxito (siempre provisorio en Uruguay) de este proyecto, que además tiene su propio punto de venta y buena distribución.

CONCLUSIONES PROVISORIAS
La edición independiente en Uruguay se mueve con serias limitaciones de mercado. No obstante, como vimos, en los últimos años han surgido proyectos que supieron asentarse e ir trazando caminos de profesionalización, más o menos ajustados a la obtención de fondos concursables públicos y no-gubernamentales, o a la consolidación de proyectos comerciales propios, que se salen un poco de los circuitos de distribución y ventas más comunes (librerías).
En la dirección de la profesionalización, se echa en falta el asentamiento de equipos especializados en LIJ. Estas pequeñas editoriales no cuentan, entre sus recursos, con equipos especializados por áreas (lectura editorial, líneas de catálogo, diseño de arte, criterios de impresión, etc.) y quedan sus proyectos librados a la intuición personal de quienes se ponen al frente de estos honrosos emprendimientos. Es notable la ausencia de editores de LIJ en instancias locales de reflexión o formación especializada, al punto de que estos no se dejan ver en los encuentros regionales que organiza la Cámara del Libro o en los que organiza IBBY.
En lo que respecta al trato de los autores, con honrosas excepciones, las editoriales no han tenido la capacidad de acompañarlos en la difusión, que dejan prácticamente en las manos de estos, y no siempre han tenido un trato profesional con ellos en lo que respecta a liquidaciones de regalías o arreglos contractuales, como ya fue mencionado más arriba. En todo caso, pienso que esto responde más a una falta de profesionalidad en el trabajo que a una mala intención comercial.
Mientras tanto, el Estado, desde el Ministerio de Educación y Cultura y el Departamento de Industrias Creativas, ha apostado a subsidiar a las editoriales con políticas de distribución internacional y presencia en ferias (incluyendo la elaboración de cuidados catálogos bilingües, como fue el de LIJ Uruguaya de 2013, sin tener entre sus cometidos una línea que apunte a la formación de equipos editoriales especializados, haciendo creer así que el único problema de las editoriales independientes de LIJ está al final de la cadena de producción y no hay ninguna dificultad en los inicios de la misma.
Finalmente, en lo que respecta a la bibliodiversidad, la situación de la LIJ uruguaya está comprometida. Para ciertos géneros (poesía, dramaturgia, novela juvenil) es casi imposible conseguir una editorial que se atreva a correr riesgos. Y algo similar sucede para ciertas obras que intentan despegarse del canon y de la corrección política. Si el Uruguay es un país de medianías, como suele decirse, los editores independientes escapan de las periferias, y más que procurar el ascenso a las cimas, se preocupan por no descender a las simas, lo que tiene su lógica.

Agradecimientos: para la elaboración de esta nota el autor consultó a Magdalena Helguera y Rodolfo Santullo, a quienes agradece por sus colaboraciones. 
  

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