Cuatro artículos que me han hecho pensar: sobre la obligación y el placer de leer, la prescripción y los libros malos

Todo el año pasado me acompañó en mis viajes (y no fueron pocos) una carpetita con unos artículos impresos. Como les pasará a muchos, cada día veo artículos, entrevistas, reportajes y textos que me dan ganas de leer pero no me alcanza el tiempo. Siempre tengo una carpeta digital donde voy coleccionando estas cosas "para leer" que, por supuesto, nunca hago. Así que decidí imprimir unos cuantos artículos largos y sustanciosos para ir leyendo durante los viajes. La carpetita me fue acompañando aún más, pues decidí que me gustaría compartir algunos de esos artículos. En uno de ellos, Neil Gaiman dice que el reto al que nos enfrentamos ahora no es encontrar esa planta escasa que crece en el desierto, sino encontrar una planta específica que crece en una jungla. Y es que, cada vez más, me parece importante rescatar de esa jungla que es la web materiales valiosos. Y, como mediadora, también me gustaría seguir el consejo de otro de los articulistas, Pep Bruno, cuando recomienda para los niños ser lectores conscientes y calmados. Si queremos para los niños espacios de tranquilidad para leer, mucho más lo necesitamos nosotros. Aquí van entonces estos cuatro artículos que me han hecho pensar y reflexionar sobre cuestiones que están siempre en nuestros debates. Para leer con calma...




El primer artículo es el de Pep Bruno, Vivir, desvivir días publicado en su página personal. Una reflexión sobre esa supuesta idea de que los niños son nativos digitales. En el artículo reinvidica la necesidad de volver a jugar, de ofrecer a los niños una experiencia de lectura para recordar toda su vida. Parece sumamente inquietante que alguien como él, con toda su experiencia de narrador oral, diga que
  "resulta cada vez más difícil contar a alumnos de educación infantil (3-6 años) habitualmente propicios al cuento.


El segundo artículo es de Neil Gaiman, Tenemos la obligación de leer en voz alta a nuestros hijos, de poner voces, traducido por Ellen Duthie en su blog Lo leemos así. El texto es una conferencia pedida por The Reading Agency, así que hay mucha loa de las bibliotecas. Pero también hay muchas cuestiones que no nos resultan ajenas en nuestras discusiones. ¿Para qué sirve la lectura? ¿Qué usos tiene la ficción? ¿Qué obligaciones tenemos en la mediación de la lectura?. Gaiman se atreve a ser contundente (lo que sin duda, puede invitar a la polémica: ¿por qué deberíamos tener la obligación de imaginar? ¿Qué pasa con los libros aburridos?, etc.). Una extensa conferencia para pensar y reflexionar. También para asustarse cuando nos explica cosas como esta:
"Una vez asistí a una charla en Nueva York sobre la construcción de cárceles privadas una industria de gran proyección en América. El sector carcelario tiene que hacer previsiones para su futuro crecimiento: ¿cuántas celdas va a necesitar? ¿Cuántos prisioneros habrá dentro de 15 años? Y vieron que lo podían predecir con mucha facilidad, aplicando un algoritmo bastante sencillito, basado en la pregunta de cuántas personas de 10 y 11 años no sabían leer.
El tercer artículo se complementa muy bien con estos anteriores. Literatura en las aulas: entre el placer y el trabajo, es un atrevido texto sobre la obligatoriedad de la lectura, en especial en la escuela. Su autora, Luciana Vázquez pone el dedo (con sal) en la herida. ¿Qué está haciendo la escuela para promocionar la lectura? ¿Por qué los chicos detestan los libros que les recomiendan ahí? Con una gran cantidad de datos de todo el mundo (también Finlandia, si) y algunas conclusiones devastadoras ("a leer se aprende en otro lado"), la autora muestra la tensión entre lo que debe ser un lector para el sistema escolar, y lo que el lector, por su lado, busca en la lectura. Si hay tanta literatura infantil en las escuelas, ¿por qué fracasan los lectores a la hora de rendir en las estadísticas? ¿Será que en la escuela se le pide mucho a la literatura? ¿O será que se utiliza para hacer ejercicios? Sobre esta contradicción, dice:
"Expandir la imaginación. Sofisticación de nuestra conciencia moral. Profundización de nuestra sensibilidad social. (...) La enseñanza de la literatura en la escuela persigue propósitos grandes. Enormes, infinitos. Y abstractos. Y puros. Pero también concretos. Inclusive carnales: el disfrute. Todo. Es demasiado. Por ejemplo: contra la fragmentación social, la literatura. Contra la pérdida de identidad nacional, contra el egoísmo, a favor de una solidaridad ecuménica, en defensa de un patrimonio cultural común, valioso para transmitir de generación a generación, también la literatura. Y al mismo tiempo, la lucha por una lectura ociosa, placentera.


Y llegamos al cuarto artículo que cierra estupendamente todas estas disquisiciones. Lo escribió el crítico literario del New York Times, Joe Queenan y lo tradujo la revista colombiana El Malpensante. En ¿Por qué no lo peor? recuerda el gran placer que le proporcionaron las lecturas de malos libros. Una cuestión siempre soslayada en nuestro entorno. Buscamos los buenos libros, los libros excelentes mientras miramos con asombro a los niños elegir por su cuenta lecturas que nosotros jamás aprobaríamos.  Queenan se atreve a preguntarse ¿para qué sirven los libros malos? y ¿Cuáles son los beneficios de la basura literaria?. Corto y polémico, habla aquí de la tiranía de lo bueno.
"La mayoría de nosotros conoce personas que han convertido la calidad en un fetiche: que leen sólo libros buenos, ven películas buenas, oyen sólo música buena, discuten sobre política sólo con gente buena, y que no se cohíben para hacértelo saber.


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