domingo, 10 de abril de 2016

Ediciones Ekaré, premio BOP en Bolonia: Chamario, de Eugenio Montejo, ils. de Arnal Ballester, uno de mis favoritos

La editorial Ekaré ha ganado, en la Feria del libro de Bolonia, el premio BOP que celebra el trabajo de una editorial latinoamericana de libros para niños.
Es una editorial que me acompaña desde hace muchísimos años (no puedo decir desde sus comienzos, pero sí desde los míos), y admiro el equilibrio que tiene su catálogo, el cariño con que publican cada libro y su relación con los autores, a los que miman y alientan con su excelente equipo de editores (o, más bien, editoras).  Estuve ojeando el bonito catálogo nuevamente y pensando qué libro elegiría para celebrar este premio. Y no me cupo ninguna duda: Chamario es el ejemplo perfecto del estilo de esta editorial. Un autor venezolano con un poemario (Venezuela fue el país donde se fundó la editorial) y un ilustrador catalán, Arnal Ballester, que reside en la misma ciudad donde tienen actualmente una de sus oficinas. Es uno de los muchos diálogos que podemos establecer en este catálogo. Y aquí va esta reseña.




Si sus preferencias literarias incluyen palabras del tipo “escritura apócrifa” o, como elegantemente lo llamaba Pessoa, “heteronimia”, o incluso como prefiere Montejo, “escritura oblicua”, entonces éste es un libro para usted. O, mejor dicho, para sus niños, para que vayan comprendiendo los gustos de sus papás. Es lo que tiene el lenguaje, lo poético y lo familiar, que vale todo. Busquemos aquí, por ejemplo, algo sobre el autor. El prologuista, Eugenio Montejo –gran aficionado a la heteronimia-, se remonta a un viejo tipógrafo, Blas Coll, que sembró escuela en el pueblecito de Puerto Malo. De ahí surgió una legión de seguidores: los famosos colígrafos que, cada cual a su manera, multiplicaron esa semilla lírica. 



Uno de ellos fue Eduardo Polo cuyo único legado fueron veinte poemas para niños. A mí, personalmente, todo esto me parece muy complicado y me recuerda una frase que dijo un poeta venezolano sobre su patria: “país de tanta luz y tanto absurdo”. Así que prefiero concentrarme en los encantadores poemas. Chamario, según Montejo, proviene del mote cariñoso con que se llama a los niños, chamos, y abre la puerta a un mundo donde el juego con la palabra mantiene el viejo espíritu surrealista de construir una ciudad en el campo. Polo no tiene pudor en imaginarse un mundo sin ¡la a!; en cambiar vocales para ajustar sus rimas (“edifacio”, “vecinderio”); en olvidarse de los acentos (“un niño tonto y retonto/sobre un gran árbol se monto”); o en añadir sílabas que estiran las palabras (“Paseando en biciqueleta/en el mes de ferebero/un mono peretencioso/tuvo un serio toropiezo”). Poemas llenos de guiños para aquellos que están descubriendo los significados de las palabras y aceptan sin pudor las inventadas y las absurdas, mientras se divierten con las inesperadas. Un libro que renueva la estética poética de nuestra literatura infantil en español ofreciendo un mundo propio lleno de creatividad y emoción, donde los poemas se cierran y se abren a la vez: es raro pero es así.
 
 

Las ilustraciones de Arnal Ballester –y el cuidado diseño- expanden el ritmo de los poemas y dirigen la mirada a un imaginario igualmente rico en detalles y juegos. En verdad, es este un libro hermoso y absurdo. Será tal vez por eso que en un periódico venezolano se anunciaba su salida entre una noticia sobre un Burger King y un tratamiento facial de Nivea. Al Sr. Ballester, por cierto, le llamaban Arañil Ballestea. Ya se sabe lo que pasa con la “escritura oblicua”: se contagia por ósmosis.

 Eduardo Polo

Chamario

Prólogo de Eugenio Montejo
Ilustraciones: Arnal Ballester
Caracas/Barcelona: Ekaré, 2004

Y, por cierto, ¿cuál es tu título favorito de esta editorial? Déjanos un comentario a modo de regalo para Ekaré...

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