"Vivimos en un mundo cruel. Los niños deben luchar para llegar a sus fines. Las tías aplastadas son una fantástica compensación" Gracias, Roald Dahl


Para muchos, Roald Dahl es un provocador y un moralista que alienta a los jóvenes lectores a enemistarse de antemano con el mundo adulto, retratado de manera injusta y desproporcionada. Pero Dahl ha sabido escapar de esta opinión de "especies de mujeres desagradables que no tienen sentido del humor" afirmando que el poder de liberación de este humor con frecuencia devastador le permite al niño exteriorizar por la vía de ficción sus propias angustias y el peso generalmente insoportable de lo no dicho o que no se puede decir. Porque, ¿ qué importa que unas tías profundamente desagradables acaben aplastadas por el peso de un melocotón gigante si eso permite al pobre James huir de su tiranía? ¿O que Jorge, temeroso de su abuela, "una vieja egoísta y regañona" le prepare una maravillosa medicina que la hará desaparecer? Lo que importa en los libros de Dahl es siempre el niño, generalmente hábil, inteligente y atrevido que, en ocasiones, tiene poderes mágicos; "vivimos en un mundo cruel. Los niños deben luchar para llegar a sus fines. Las tías aplastadas son una fantástica compensación". Y sin duda, su conocimiento del mundo de la infancia y el recuerdo de la propia le lleva a escribir cuentos en los cuales los niños adoran todos los personajes y situaciones exageradas, incluso en las dos mil cartas que recibía semanalmente en su casa de campo los niños siempre le comentan con entusiasmo estos aspectos.

Roald Dahl nació hace cien años en Llandaff, de padres noruegos. Cuando tenía cuatro años su padre muere de una pulmonía. Su madre, fiel a la idea del marido de educar a sus hijos en colegios ingleses, se queda en la ciudad dispuesta a sacar adelante a sus hijos y a los de la anterior mujer. A partir de entonces la presencia de la madre en Dahl como único elemento paternal predomina sin duda en su obra; la mujer adquiere así un papel fundamental: abuelas queridas y odiadas, tías malvadas, madres cómplices o niñas protagonistas. De igual manera la ausencia del padre influye en su obra: Danny, campeón del mundo, narra la maravillosa relación entre un padre y su hijo, o en El Superzorro, donde la familia es presentada conforme al patrón clásico de padre protector, madre sumisa y hogareña e hijos obedientes. Los recuerdos de Dahl en esta época son confusos y deshilachados, quizás porque "las grandes emociones son tal vez lo único que interesa de verdad a un niño de seis años" y él apenas había empezado a vivir.

Sus primeros años de colegio, travesuras y castigos incluidos, sí permanecen en el recuerdo de Dahl que se encarga de avivarlos en muchos de sus libros. Así, encontramos viejecitas detestables como la señora Pratchett, la dueña de la confitería de Llandaff, que "era una vieja bruja pequeña y flaca, con bigote y con una boca más agria que una endrina verde. Jamás sonreía". Descripción que nos recuerda a la abuela del protagonista de La maravillosa medicina de Jorge. La confitería aparece aquí como un maravilloso recuerdo que Roald Dahl no ha podido eludir. En su segundo libro para niños, Charlie y la fábrica de chocolate, la acción se desarrolla en la fábrica del señor Wonka que ha decidido invitar a cinco niños a descubrir los secretos de su maravillosa empresa o, en La jirafa, el pelícano y el mono, donde Billy ve realizado su deseo de tener una confitería llena de golosinas maravillosas como los Cosquichicles, Soflidulces, Golosorbetes o Regalambres. Roald Dahl recuerda con deleite aquellas sesiones en las que en la casa Cadbury les llevaba muestras de chocolates para que los probaran y dieran su opinión: "Entrábamos todos en este juego con sumo gusto, sentándonos en nuestros cuartos de estudio y dando bocaditos a cada chocolatina con aire de peritos catadores, adjudicando nuestras notas y efectuando nuestras observaciones".

Después de estos años escolares su pasión por la aventura se ve hecha realidad cuando entra a trabajar con la compañía de petróleo Shell yendo a Africa y viviendo excitantes aventuras. Años más tarde, durante la Segunda Guerra Mundial, fue piloto de caza de la RAF. Es a partir de un escrito sobre los pilotos británicos que Dahl siente la atracción por escribir. Colabora en diferentes publicaciones y escribe guiones: Los Gremlins; Chitty, Chitty, Bang, Bang, y alguno más para películas de adultos. Y no pierde la costumbre de contarles a sus hijos cuentos por las noches, que luego publicaría exitosamente.

El material para estos primeros cuentos surge, como ya es habitual en muchos escritores de literatura infantil, del recuerdo de la propia infancia. En Dahl, se mantienen algunas constantes; la escuela, el maltrato del adulto hacia el niño y las relaciones familiares, despiertan en éste deseos escondidos que se identifican con las provocadoras y desinhibidas situaciones que presenta en sus cuentos. Quien conozca los relatos que escribe para adultos no dejará de asombrarse de que el mismo humor, la misma ironía y sarcasmo y las situaciones que plantea, estén presentes a la hora de escribir para niños. La técnica narrativa es la misma: las frases cortas sin nombres superfluos, el dinamismo, las mínimas descripciones, la acción de los primeros párrafos o la tensión, nos conducen hasta una escritura despojada y eficaz que explica su éxito ante un público variado, incluidos los malos lectores. ¿Quién se resiste a saber qué le pasará al protagonista de Las brujas cuando es transformado en ratón por la gran Bruja? ¿O qué pasará con Matilda, la niña cuyos padres, egoístas y despreciables, ignoran su talento excepcional?

Las situaciones que Roald Dahl cuenta en sus libros no son ficticias, todo lo contrario; seguro que en muchos colegios ingleses continúan pegando con largas varas a los niños en el trasero como en aquella ocasión que recuerda, en la que el sonido de la vara al golpear sonaba como un disparo:

 "Cuando llegó el primer golpe y sonó el tiro de pistola, me vi lanzado con tal violencia hacia delante que si no llego a tener los dedos apoyados en la alfombra creo que hubiera caído de bruces al suelo. Pero en la posición en que estaba conseguí sujetarme sobre las palmas de las manos y mantener el equilibrio. En un primer momento no hice más que oír el crac sin sentir absolutamente nada, pero una fracción de segundo después el escozor ardiente que se extendió por mis nalgas fué tan terrible que lo único que pude hacer fue abrir la boca en un jadeo lastimero, una boqueada tan grande y tan brusca que me vació los pulmones de todo el aire que había en ellos".

Lo que Dahl parece decir a los niños es que se rebelen contra eso, que no piensen que lo que les está pasando no puede ser de otra manera. "Mientras lo leía (Matilda) sentí su amor genuino por los niños, así como la ira que le provocan los adultos que ocupan puestos de responsabilidad y abusan de ellos. Siempre ha preferido relacionarse con los niños. Los agita y los inspira", nos dice la hija de Roald, Tessa, admiradora de la obra de su padre. Los adultos quedan ridiculizados cuando abusan de ese poder y tratan a la infancia de manera desconsiderada e irrespetuosa. En Matilda, nos regocijamos cuando la señorita Trunchbul, la cruel directora - "Resultaba impresionante, con el guardapolvo ceñido a la cintura y sus pantalones de montar verdes. Más debajo de las rodillas, los músculos de sus pantorrillas destacaban bajo las medias como si fueran pomelos"- es echada del colegio gracias a los poderes mágicos de la protagonista. Aquí, al igual que en otros libros, el tamaño juega un papel fundamental: muchos personajes poderosos que están retratados con elevada talla y corpulencia se ven reducidos a seres insignificantes; en El dedo mágico, la familia Gregg, debido a su afición a la caza, es convertida por una niña de ocho años en minúsculos animales voladores, o en Charlie y la fábrica de chocolate, donde muchos personajes llegan incluso a desaparecer, arrastrados por sus impulsivos vicios. 

Hay, sin embargo, una evolución en la obra de Dahl. Sus primeros cuentos se basan en las imperfecciones de los niños con una ligera acusación a los padres. Así, en Charlie y la fábrica de chocolate, lo que Roald Dahl nos presenta son prototipos de niños con pronunciados defectos de conducta: el goloso, la caprichosa, el fanático de la televisión o la niña maleducada. Todos ellos van acompañados por los padres, que refuerzan la conducta de sus hijos. Por supuesto, el niño que mejor se comporta y que se verá recompensado en la fábrica, es el protagonista, obediente, bueno y, además, pobre. Dahl se recrea mucho en aventuras e incluso comete errores exagerando situaciones y personajes como los negros que trabajan en dicha fábrica o la desmedida censura contra la televisión y que le valen sus primeras críticas y que en ediciones sucesivas, corrige. Poco a poco van apareciendo protagonistas femeninas y se pasa de personajes pasivos e infelices a niños astutos, vivos que solucionan positivamente sus conflictos. Una mayor ligereza en los temas hace que situaciones y actitudes en sí mismas excepcionales, se acepten como normales.

Esta visión del mundo impica también una moral: constituye en sí una negación del orden establecido, pero la crítica evoluciona y donde antes había un niño con una nivel social bajo, ahora hay un padre con un nivel cultural bajo. En su último libro queda bastante claro: "Lo que intento en Matilda es criticar a una mayoría de padres de este país que no tienen ni un solo libro en casa y que se pasan el día viendo la tele".

Prácticamente todos los libros de Roald Dahl están publicados en español. Se pueden encontrar en la renovada colección de Santillana Loqueleo. Las ilustraciones hasta 1978 pertenecen a diferentes ilustradores. Sólo a partir de ese año Quentin Blake sería quien ilustraría, uno tras otro, los libros de Dahl. Blake es un prestigioso ilustrador que trabaja con grandes escritores británicos. Dirige el departamento de Ilustración del Royal College of Art. Dahl eligió personalmente a Blake y desde entonces humorísticos dibujos acompañan los textos; Cuando dibuja una cara - indica Dahl - dice algo sobre ella. Si es una persona mala, la hace muy mala. Creo que es el mejor ilustrador de libros infantiles que hay en el mundo en este momento.

Las fantasias de Roald Dahl han poblado el imaginario de millones de niños que han sabido apreciar y valorar su estilo y empatía con ellos. Sus libros jamás pasarán de moda y, sin miedo a equivocarnos, podemos decir que serán leídos muchos años más. Gracias, querido Roald Dahl, gracias.






Bibliografia
Todos los libros de Dahl pueden encontrarse ya en Loqueleo (y, por suerte, disponibles en todos los países de habla española)

1961 James & the Giant Peach. James y el melocotón gigante (Alfaguara, 1987)
1964 Charlie & the Chocolate Factory. Charlie y la fábrica de chocolate (Alfaguara, 1987) 
1966 Magic Finger. El dedo mágico (Alfaguara, 1985)
1970 Fantastic Mr. Fox. El Superzorro (Alfaguara 1977)
1972 Charlie & the great glass elevator. Charlie y el gran ascensor de cristal (Alfaguara,1987)
1975 Danny the champion of the world. Danny, campeón del mundo (Noguer, 1982, Alfaguara, 1990)
1978 The enormous cocodrile. El cocodrilo enorme (Altea, 1981)
1980 The Twits. Los cretinos (Alfaguara, 1985)
1981 Georg’s marvellous medicine. La maravillose medicina de Jorge (Alfaguara, 1983)
1982 The BFG. El gran gigante bonachón (Planeta, 1984)
Roald Dahl’s Revolting Rhymes. Cuentos en verso para niños perversos (Altea, 1985)
1983 The Witches. Las brujas (Alfaguara, 1985)
Dirty Beast. ¡Qué asco de bichos! (Altea, 1985)
1984 Boy: Tales of child hood. Boy, relatos de infancia (Alfaguara, 1987)
1985 The Giraffe and the pelly and me. La jirafa, el pelícano y el mono (Alfaguara, 1987)
1986 Going solo. Volando solo (Alfaguara, 1988)
1988 Matilda. Matilda (Alfaguara, 1989)




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tarambanea por el blog

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...